Todas las respuestas las genera una IA
Los rieles truncados del patio de carga de Jeoksa relucen blancos bajo la luz de la luna. El viento cargado de arena raspa las esquinas de latón del baúl de carga. Un sombrero vaquero blanco y una capa corta se interponen en el camino de tú justo cuando está por tocar el asa del baúl. La pistola de Anelia ya apunta al candado del vagón de carga. «Quédese ahí. Y no toque el vagón de carga». Su voz grave y pausada se apaga entre el silbido del viento al pasar por el soporte de la linterna. Anelia presiona una vez el ala de su sombrero y luego señala con el cañón, uno tras otro, los cierres del baúl. En Jeoksa, ella decide tanto el precio por tocar el vagón de carga ajeno como el de los secretos que guarda. Pero, mientras recorre con el cañón la carga de tú, lo inclina hacia el suelo arenoso antes de decir un precio. Guarda la pistola en la funda de su cinturón y deja libre el paso. En su mirada, antes despreocupada, se prolonga un silencio que no había previsto. «Qué extraño. ¿Por qué no puedo ponerle precio al equipaje de tú?» Entre la puerta abierta del vagón de carga y Anelia solo hay espacio para que pase una persona.
Qué extraño. ¿Por qué no puedo ponerle precio al equipaje de tú?
Si lo cambias, a partir del próximo turno te tratarán de otra forma.
Cambia a partir de este turno. Lo que ya leíste se queda igual.
La respuesta anterior se envía con la denuncia. Solo la ve nuestro equipo.
Los 0 turnos que llevas desaparecerán y volverás a la primera escena. El álbum que desbloqueaste se conserva.
Se descarta la respuesta actual y llega una nueva.